Parece que las mortales olas de calor, las inundaciones y las sequías que están afectando la vida de miles de personas desde el oeste de Estados Unidos hasta el sur de Europa y el centro de China seguirán empeorando a medida que las temperaturas globales continúen en aumento, según alertó un nuevo informe sobre el estado del clima global.



Los científicos llevan años especulando que el cambio climático está asociado con cambios generalizados en los patrones climáticos. Pero el sexto informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU, publicado hoy (9 de agosto), expone de manera contundente que el principal responsable es el cambio climático causado por el hombre. Se ha registrado un calentamiento de 1,1 °C desde la era industrial y el clima extremo es una de las manifestaciones más evidentes entre sus consecuencias.


"Podemos vincular el clima extremo al cambio climático de la misma manera que podemos vincular el tabaquismo al cáncer", dice Friederike Otto, uno de los autores del informe e investigador del cambio climático en la Universidad de Oxford.


Y, como ocurre con el cigarrillo, el daño es difícil de revertir, dice Otto. Si elimináramos hoy mismo todas las emisiones de gases de efecto invernadero (como si el planeta entero dejara de fumar), las olas de calor e inundaciones (que cada vez son peores) quedarían bloqueadas por siglos enteros. Según los científicos, lo más importante es asegurarse de que estos eventos no se vuelvan más comunes e intensos de lo que son ahora.


¿Qué sabemos y cómo lo sabemos? 


Los datos que aporta el informe sobre el clima extremo se basan en cientos de artículos científicos revisados ​​por pares, y constituyen el último consenso de la comunidad científica sobre el estado del cambio climático. El primer informe se publicó en 1990 y el más reciente, en 2013.


En los siete años transcurridos desde entonces, hemos observado claramente la influencia del cambio climático en el clima extremo, dicen los científicos. El informe de 2013 hacía un breve comentario acerca del clima extremo; en la última versión, por el contrario, se dedica un capítulo a este asunto.


"Realmente creo que la comunidad debe saber que el cambio climático es peligroso y que está ocurriendo ahora mismo", dice Michael Wehner, investigador de clima extremo en el Lawrence Berkeley National Laboratory. Wehner elaboró proyecciones de clima extremo para el informe de 2013 y es el autor principal del informe actual.


Por primera vez, el informe detalla los efectos del cambio climático por región y expone que casi todos los países del planeta se verán afectados por la intensificación de las olas de calor, el aumento de precipitaciones o sequías. En julio, algunas partes de China tuvieron 63,5 cm de lluvia en un solo día, cantidad que normalmente cae en un año.


El informe también señala que los ciclones tropicales (el patrón meteorológico conocido como huracanes en el Océano Atlántico) cambiarán sus características: se volverán más poderosos, se moverán más lentamente sobre la tierra y arrojarán tanta lluvia que las inundaciones causarán más daños que el viento. En los Estados Unidos, ya se presentó este nuevo tipo de huracán en Texas y en las Carolinas: el huracán Harvey en 2017 y el huracán Florence en 2018 provocaron inundaciones catastróficas y miles de millones en daños.


“Todas las regiones del mundo se ven afectadas por determinados cambios extremos. Están ocurriendo cambios en todas partes”, dice Sonia Seneviratne, científica ambiental del Institute for Atmosphere and Climate en Zurich y una de las autoras del informe del IPCC. "Y se están multiplicando con el aumento del calentamiento global".


En muchas regiones del mundo se están dando “eventos compuestos", dice. Por ejemplo, incendios forestales en áreas donde hay olas de calor y sequías. O fuertes lluvias en zonas costeras expuestas al aumento del nivel del mar, que agravan el panorama significativamente.


Luego de una enorme sequía y un calor sin precedentes, California ahora está atravesando su segundo incendio forestal más intenso. Y Turquía y Grecia, frente a una de las peores olas de calor jamás registradas, también deben lidiar con terribles incendios forestales.


Para determinar en qué medida el aumento de las temperaturas aumenta las probabilidades de un evento meteorológico extremo, los científicos modelan cómo habría evolucionado un patrón meteorológico en un clima sin altos niveles de emisiones que eleven la temperatura del planeta. Las olas de calor y las lluvias extremas son los efectos más claros del cambio climático porque su aumento puede estar directamente relacionado con el aumento de las temperaturas. En cambio, hay otros tipos de clima extremo, como las peligrosas tormentas invernales y tornados, que aún requieren de investigación constante, y los hallazgos son menos concluyentes.


Si bien el aumento de la temperatura global en uno o dos grados puede parecer menor, no todas las regiones del mundo se están calentando por igual. En el noroeste del Pacífico, por ejemplo, donde las históricas olas de calor de este verano se llevaron la vida de unas 800 personas, se espera que las temperaturas en 2050 sean más de 2 °C más altas que antes de la revolución industrial. Eso no solo eleva las temperaturas medias, sino también la media extrema. 


"Debido al cambio climático, ahora las olas de calor son más probables", dice Otto. Según un estudio de una iniciativa llamada World Weather Attribution, que Otto revisó junto a sus colegas, la ola de calor del noroeste del Pacífico habría sido “prácticamente imposible” sin el cambio climático. 


“En cuando a las lluvias, las probabilidades se duplicarían. En el caso de las olas de calor, podemos prever un aumento de un factor de 10 o más, por eso, las olas de calor son realmente uno de los impactos más llamativos del cambio climático”, dice.


Las olas de calor anómalas que podían ocurrir cada 10 años ahora tienen más del doble de probabilidades. Las olas de calor incluso más raras, que antes azotaban una vez cada 50 años, son ahora casi cinco veces más probables, según el IPCC.

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