Un equipo científico internacional ha descubierto dos grandes y extrañas rocas en el cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter que, a priori, no deberían estar ahí, ya que son más parecidos a los cuerpos que orbitan los confines del Sistema Solar que su centro. Bautizados como 203 Pompeja y 269 Justitia, ambos son de un color rojizo inusual, lo que indica que es posible que no debieran estar allí. Los resultados acaban de publicarse en la revista ' The Astrophysical Journal Letters'.


 

Los dos asteroides fueron descubiertos por el equipo dirigido por Sunao Hasegawa, de JAXA, la Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón. Pompeja tiene aproximadamente 110 kilómetros de ancho, mientras que el más pequeño Justitia tiene un diámetro de 55 kilómetros.

 

Reflejan más luz roja que los otros asteroides

 

Las dos objetos, en el grupo de rocas entre Marte y Júpiter, son claramente diferentes de sus vecinos. Tanto Pompeja como Justitia reflejan más luz roja que otros asteroides de su entorno: los objetos desprovistos de material orgánico reflejan mucho más la luz azul, mientras que los que contienen más materiales orgánicos aparecen como rojos en las observaciones. Esto se debe a que tienen muchos elementos orgánicos como el carbono y el metano, que pueden haber sido los componentes básicos de nuestro planeta.

 

Así, los asteroides como Pompeja y Justitia no suelen encontrarse en el cinturón, que suele estar formado por restos más azules, pero son comunes entre los objetos transneptunianos y los centauros (pequeños cuerpos que orbitan entre Júpiter y Neptuno), que es donde los astrónomos creen que se originaron.

 

Al principio, todo fue el caos

 

El Sistema Solar ahora es un sitio relativamente apacible. Pero los científicos cada vez tienen más pruebas de que al principio todo era un absoluto caos. Hace 4.000 millones de años, cuando los planetas se estaban formando, su poder gravitacional lanzaba por todos lados trozos de roca. Algunos de estos cuerpos que no acabaron formando los planetas, se congregaron en el llamado cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter.

 

 

Y entre ellos se encuentran 203 Pompeja y 269 Justitia, que son diferentes del resto. Pompeja parece estar estructuralmente intacta, mientras que Justitia, más pequeña, es probablemente un fragmento de una colisión anterior. Ambos cuerpos tienen órbitas circulares estables, lo que significa que deben haber llegado aquí hace mucho tiempo. Pero lo que más llamó la atención de los investigadores

 

Ambos también tienen un color inusual. Los objetos del sistema solar interior tienden a reflejar más luz azul porque carecen de material orgánico (como carbono y metano), mientras que los objetos del sistema solar exterior son más rojos porque tienen una gran cantidad de elementos orgánicos, quizás los componentes básicos de la vida en Tierra.

 

«Para tener estos compuestos orgánicos, inicialmente es necesario tener mucho hielo en la superficie», explica a The New York Times Michaël Marsset, del Instituto de Tecnología de Massachusetts y coautor del artículo. «Es por ello que deben haberse formado en un ambiente muy frío. La irradiación solar del hielo crea esos compuestos orgánicos complejos».

 

De ser realmente diferentes, serían el testimonio espacial del caos que reinó al principio de la formación del Sistema Solar. En concreto, serían la prueba de la migración en el Sistema Solar temprano, con Saturno, Urano y Neptuno moviéndose hacia fuera y el gigante Júpiter desplazándose ligeramente hacia dentro en unos pocos cientos de millones de años (la hipótesis defendida por el Modelo de Niza). Este movimiento habría perturbado los asteroides cargados de materia orgánica que quedaron de la formación de los planetas, enviándolos a dar vueltas alrededor del Sistema Solar. Pero, en una 'carambola espacial', Pompeja y Justitia habrían acabado desplazándose hacia dentro, como testigos mudos de aquellos movimientos.

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